Perseguido por sus miedos

Calles lúgubres

Sabía que no debería haber tratado así a aquél tétrico personaje. Cierto es que pretendió engañarle estafándole con unos precios abusivos, pero sus palabras hacia él fueron duras, hirientes y casi humillantes.

Lo sentía, pero no había hecho sino descargar sobre él todas las frustaciones de una humanidad deshumanizada, de una sociedad a la que él consideraba cargada de inútiles inconscientes y de vagos impenitentes.

Javier salió de la tienda y se adentró en las lúgubres calles de aquel perdido barrio. Con la mirada encendida, el corazón exaltado latiéndole a un ritmo que parecía golpearle lo más íntimo de sus sentimientos, poco a poco fue poniendo pie tras pie sin un destino concreto.
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¿Mirar atrás?

lluvia

No supo distinguir si el continuo repiqueteo que acompasaba sus pasos eran los de sus lágrimas desbordadas o los de la fina lluvia que había comenzado a caer. La noche se hacía más tenue y tenebrosa, los largos quejidos del viento arreciaban escapando de entre las rendijas de las viejas maderas de las verjas, mientras los goznes aullaban buscando una nueva víctima a quien contar sus penas.

Había pasado horas caminando sin rumbo (¿o quizás eran minutos?), sin volver la mirada atrás, sin querer retroceder a aquellos momentos en que todo parecía haber perdido su razón de ser, sin atreverse a girar para observar sus huellas ya borradas. Paso tras paso se alejaba de lo que siempre había sido.
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Orgulloso

¡Qué curioso! vuelvo a entrar en este blog después de más de un año y me doy cuenta de que lo último escrito en él es, en realidad, lo mismo por lo que hoy vuelvo. Sí, tú. Recurrente, lo sé. Lo que no sé es el por qué; el por qué permanece este sentimiento de desamparo anidado en mi corazón y si es ese sentir el que me hace volver una y otra vez a tí y a tus recuerdos.

Hoy ha sido un artículo de Marca (también curioso) el que me ha devuelto este pensamiento. Se cumple un año que Severiano Ballesteros, el golfista, se marchó para siempre, y su hijo, del que nunca había oido hablar en los medios, ha escrito un artículo para recordar lo orgulloso que se sentía de su padre.

¡Qué pena que a veces nos demos cuenta de lo orgulloso que nos sentimos de nuestros padres cuando ya no están! ¡qué triste no haberlo repetido un día tras otro, en vida, y haberlo demostrado! Orgulloso de ser tu hijo, orgulloso de haberte tenido como padre, y orgulloso de todos y cada uno de los momentos que vivimos juntos.
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Siempre en mis recuerdos

Es curioso que antes siempre riñiéramos y ahora salvemos juntos el mundo.

Es curioso que antes hasta las fichas del dominó fueran las quietas figuras que soportaban nuestro mal genio cuando uno u otro perdíamos, y ahora no me imagine juegos sin tí.

Es curioso que antes no me atreviera a contarte mis secretos más íntimos y ahora sin embargo recurra a tí cuando peor estoy.

Es curioso que ahora que ya no estás, sin embargo, te sienta más cerca que nunca.
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Recuperar mi identidad

interrogantes

Me dicen que escriba, que recuerde mis primeros tiempos en Internet, cuando toda mi pasión no era sino sentarme al teclado y dejar fluir lo que sentía, fueran poesías, relatos o simplemente divagaciones.

Me dicen que divague, que me deje llevar, que escriba lo primero que se me venga a la cabeza, que necesito relajarme y quitarme esta ansiedad que el maldito trabajo me está echando encima.

Y una y otra vez contesto lo mismo: ya no puedo, estoy sin fuerzas, seco, sin esa facilidad o llámese libertad mental como para escribir como soy. Demasiados defectos en 5 años; demasiados vicios de escritura comercial, quizás. Pero ya no soy natural; ya no me siento natural, y me apena. Horriblemente.
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