¿Mirar atrás?

lluvia

No supo distinguir si el continuo repiqueteo que acompasaba sus pasos eran los de sus lágrimas desbordadas o los de la fina lluvia que había comenzado a caer. La noche se hacía más tenue y tenebrosa, los largos quejidos del viento arreciaban escapando de entre las rendijas de las viejas maderas de las verjas, mientras los goznes aullaban buscando una nueva víctima a quien contar sus penas.

Había pasado horas caminando sin rumbo (¿o quizás eran minutos?), sin volver la mirada atrás, sin querer retroceder a aquellos momentos en que todo parecía haber perdido su razón de ser, sin atreverse a girar para observar sus huellas ya borradas. Paso tras paso se alejaba de lo que siempre había sido.

Una vez más el aullido, una vez más el quejido, una vez más las pequeñas gotas arracimándose a sus pies. Y voces, voces que le llamaban. Se detuvo. Ahogado por el llanto, asfixiado por la sequedad de una noche extrañamente húmeda, y en un último esfuerzo se giró. Helado, contempló a otras personas a sus espaldas. Movimiento, gritos, lloros, la policía. Un accidente. Y allí, en el suelo, reposando tranquilo al fin, entre los sucios charcos de una triste calle abandonada, yacía lo que quedaba de él.

Descansando.

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